21 de Febrero del 2013

Por fin pude silenciar las voces.

Después de varios días escuchándolas, debatiendo contra sus argumentos, soportando el peso de sus palabras. Por fin.

Desperté, y no había nada. Abrí los ojos y, mientras mi mirada cansada se posaba en el techo, guardé silencio para escuchar lo que me tenían que decir hoy, solté un leve suspiro mientras esperaba, pero no ocurrió nada.

Síndrome de Estocolmo, tal vez. Me había acostumbrado a ellas y me sentí extraño al notar su ausencia, como si hubiera perdido una parte de mis propios pensamientos. Como si ellas, al partir, se hubieran llevado una porción de mi mente.

Pero está bien, es mejor así, supongo.

Me levanté con una sonrisa, y me alegré al pensar que por fin podría descansar un poco, al menos hasta que esas voces regresaran.

Shhhh... podrían estar escuchándome... tal vez sea conveniente no hablar mucho de ellas, tal vez dentro de un par de días. Por ahora, todo está bien.


2 comentarios:

la MaLquEridA dijo...

¿Es real o estas asustando?

Elbert Valentin dijo...

Ah si, es que esto solo lo aclaré en facebook, creo.

"Los diarios de la razón perdida" es una nueva sección del blog (a algo así) en donde se mezcla de realidad y la ficción. Porque, al menos desde mi punto de vista, la pérdida de la razón se encuentra en la frontera que se forma de esos dos mundos (el real y el irreal). En este texto hay algo de verdad, pero no hay nada de qué asustarse... por ahora n___n jeje

Saludos, Malque'

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