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Tic Tac

La mirada clavada fijamente en el techo, el cuerpo rígido, los pensamientos huecos. ¿Qué está pasando? ¿En dónde estoy?

El silencio empieza a hacerse cada vez más espeso y de repente, un latido, dos latidos, tres... se abren paso para marcar una especie de ritmo en esta noche oscura, un ritmo que me recuerda que estoy vivo, aunque éste resulta ser un sonido más mecánico que orgánico. Es entonces cuando lo comprendo, ese no es un latido proveniente de un corazón que bombea sangre, ese es el sonido de varios engranes funcionando de manera conjunta.

Una máquina. Eso es. ¿Una máquina?

Me quedo quieto y sigo el ritmo del complejo engranaje que hay en mi interior (¿Qué otra cosa podía hacer?). Todas esas ruedas dentadas que se mueven mecánicamente. Es toda una maravilla, pienso yo. Cuando me acostumbro al funcionamiento de esa máquina interna empiezo a sentir cómo mis pensamientos se expanden un poco más, gracias a unas pequeñas chispas que empiezan a encenderse en mi cerebro, pequeñas descargas eléctricas, casi imperceptibles... pero ahí están, lo sé, las siento... encendiéndose y apagándose de manera intermitente. ¿Aun puedo llamar cerebro a lo que tengo en la cabeza? Tal vez si, un cerebro mecánico. Una computadora, o algo así.

Muevo algunos músculos metálicos de mi rostro y, en la oscuridad, se dibuja algo parecido a una sonrisa. Los engranes siguen realizando su trabajo. Y entonces, la sonrisa desaparece, y un rostro de preocupación aparece en su lugar. Una chispa se ha encendido dentro de ese cerebro mecánico, y después de varias operaciones lógicas y matemáticas, he descubierto algo terrible. Todos esos engranes, cables, órganos metálicos, todo ese complejo mecanismo, forma parte de una máquina terrible y mortal. Una bomba de tiempo. No se cómo lo sé, pero estoy seguro de eso. Podría llamarse intuición, aunque una máquina no puede hablar de intuición, es más bien una conclusión lógica, aunque no tengo idea de cómo llegué a esa conclusión.

Intento mover las manos, esperando no realizar algún movimiento que altere mi funcionamiento y me haga estallar antes de tiempo. Pero... ¿porqué? ¿con qué propósito he sido activado? ¿quién encontrará su momento final cuando mi reloj interno llegue a 00:00:00?

Mis manos llegan hasta mi pecho, busco algo, algo parecido a... algo parecido a... ahí está... presiono un botón, y una tapa metálica se abre al instante, dejando al descubierto todo ese complejo aparato que trabaja sin detenerse. Tal y como lo pensaba, ahí se esconde un maravilloso mecanismo compuesto de cables, circuitos, engranes y otras cosas que desconozco, pero aun así, estoy seguro de que forman parte de una bomba.

Más operaciones lógicas. Lo tengo. Solo debo desconectar un cable. Ok, eso es fácil, después todo estará bien. Pero... ¿cuál? ¿el rojo o el azul?... y además... ¿cómo distingo un color de otro en medio de la oscuridad? ¿el rojo tendrá una textura distinta al azul?. Mi cerebro mecánico parece estar cansado y no me da ninguna respuesta.

Mis manos retroceden, dejando ese aparato tal y como está. Cierro la tapa y espero. Qué más da, para esto he sido construido, supongo. Mi cerebro parece trabajar de manera errante, la presión se acumula ahí arriba, poco a poco, y me impide pensar correctamente. No importa.

Tic, tac, tic, tac, tic... el sonido del reloj continua, no se detiene. Así debe ser.

Las chispas vuelven a encenderse, y repentinamente, descubro que faltan 90 segundos. ¿90 segundos para qué?. La respuesta es obvia. No tengo que realizar más operaciones lógicas para saber lo que sucederá.

Mientras espero, pienso, no como una máquina, sino como un ser humano, hecho de materia orgánica, y recuerdo aquellas preocupaciones que me estresaron durante el día: el trabajo, las cuentas que hay que pagar, los compromisos pendientes, mi familia, mi esposa y mis hijos, ni siquiera me queda tiempo para vivir. Pero eso ya no importa, ahora soy una máquina. De hecho, tal vez nunca fui un humano, ¿o si?, ¿entonces, porqué tengo esos recuerdos?, y si alguna vez fui un humano, ¿en qué momento dejé de serlo?, ¿en realidad soy una máquina?. Probablemente esto sea solo una pesadilla. Un segundo antes de estallar me despertaré agitado y dejaré de preocuparme por la inminente explosión. Y entonces me preocuparé por lo que ya me preocupaba antes. Mmmm... viéndolo de esta manera, tal vez sea mejor estallar, dejar de preocuparme y dejarme ir.

00:30, 00:29, 00:28...

Sonrío.

00:23, 00:22, 00:21...

Dejo de sonreír.

Ya falta poco. Inhalo y exhalo lenta y profundamente. ¿Porqué una máquina necesitaría oxígeno?, me pregunto. Qué importa. Entender y explicar mi propio funcionamiento me tomaría mucho tiempo y, lamentablemente, el mío ya se está acabando.

00:15, 00:14, 00:13...

Ya casi.

00:11, 00:10, 00:09...

Cierro los ojos y espero el inminente final. Tal vez... tal vez, si tan solo tuviera más tiempo, lo aprovecharía mejor. Dejaría de preocuparme por cuestiones humanas. Lo haría mejor. ¡Tonterías! yo nunca he sido humano. Aunque... me hubiera gustado ser uno de ellos. Una máquina con pensamientos humanos, quién lo diría. Con la poca ironía que queda en mis circuitos pienso en todos esos humanos que se convierten a sí mismos en máquinas. Siento lástima por ellos

00:03, 00:02...

Eso es todo. Hasta aquí llego yo.

00:01, 00:00

¡Boom! Una explosión. Fuego por todas partes, consumiéndolo todo. Consumiendo... ¿nada?... no... eso no fue lo que pasó. No hubo ningún boom, ni siquiera un bang. El reloj sigue en 00:00:00. Pero yo también sigo aquí. ¿Qué pasó?. Noto un suave movimiento en el interior de mi pecho, e intento adivinar qué es. No estoy seguro, pero parece ser un péndulo.

Sigo asustado y me quedo quieto por un rato más, empiezo a acostumbrarme a ese péndulo, pero también empiezo a notar que poco a poco se va desvaneciendo. Y en su lugar, empiezo a sentir nuevamente los latidos de mi corazón. Automáticamente, llevo mis manos hacia mi rostro. Ya no hay placas metálicas, lo que mis manos sienten es piel, tejido vivo. ¿Fue solo un mal sueño?.

Pero todo parecía tan real. Miro a un lado y ella sigue ahí, durmiendo tranquilamente. La abrazo. Qué bien se siente no ser una máquina. Qué bien se siente volver a ser el mismo de antes. No, no es así, algo cambió, no se cómo ni porqué, pero estoy seguro de que algo cambió. Mientras la abrazo, empiezo a sentirme cansado. Miro el reloj digital que está al lado de la lámpara, son las 03:00 a.m., y antes de quedarme completamente dormido, puedo notar que los latidos de mi corazón se entremezclan con los débiles sonidos de una máquina, una máquina delicada hecha de piezas pequeñas, como las de un reloj.

Hasta mañana, digo. Y los débiles sonidos de un complejo mecanismo interno responden: tic, tac, tic, tac...


The End (Primera Parte)





Tomó una taza de café mientras observaba el ocaso por la ventana, el sol desaparecía en el horizonte y la oscuridad se hacía presente. Empezaba a anochecer y las luces de la ciudad empezaban a iluminar el cielo nocturno. Sus pensamientos giraron alrededor de todas esas teorías que había escuchado y sonrió al pensar en lo que las demás personas estarían haciendo, preocupados tal vez, celebrando que aun seguían vivos. Colocó la taza sobre la mesa y cerró los ojos por unos momentos, él no quería estar con nadie más, había aprendido a estar solo desde hace tiempo, y aunque la soledad a veces le provocaba algo parecido a la nostalgia, estaba tan acostumbrado a ella que prefería estar así. Encendió el reproductor de cd's, colocó un disco y presiono el botón de "Play".

This is the end, beautiful friend... this is the end, my only friend, the end... ♪ ♫

Mientras escuchaba la música pensó en que esa canción sería ideal para un disco que musicalizara el fin del mundo. Se recostó en el sofá que estaba a un lado y cerró los ojos por unos instantes. Se sumergió en sus propios pensamientos, pensó en su soledad, y por un momento quiso que realmente ese fuera el fin del mundo, que todo se acabara en ese mismo instante, pero no así; quería compartir sus últimos minutos de vida con alguien más, quería sentir la compañía agradable de alguien, al menos una vez en su vida, después de eso no le importaba que el mundo se desvaneciera.

Abrió los ojos e intentó no pensar en nada más. La música había cesado, las luces estaban apagadas, todo estaba en silencio... de hecho, era un silencio exagerado, algo no andaba bien, se levantó y se dirigió hacia la ventana, al mirar hacia la calle pudo notar que todo estaba igual. "Un apagón... debe haber personas realmente asustadas en este momento", murmuró para sí mismo. Miró al cielo y pensó en lo hermosa que se veía la luna sin tantas luces artificiales que la opacaran, las estrellas también se veían diferentes, parecían tener un brillo especial.

Cerró los ojos y guardó silencio. Por un instante, sintió que estaba dejando de existir. Y, de algún modo, él sentía que su inexistencia hacía que la luna resplandeciera un poco más, y pensó que si todo el mundo desapareciera en ese instante, el universo sería un mejor lugar. Tal vez.

Al abrir los ojos no pudo distinguir nada, dirigió su mirada hacia arriba pero la luna tampoco estaba ahí. Caminó despacio, extendiendo las manos, tanteando el espacio para evitar tropezar con algún mueble, pero no había nada. Era como si sus muebles hubieran desaparecido. Pero, al caminar un poco más y darse cuenta de que, en donde debía estar la pared no había nada, empezó a pensar que tal vez ya no estaba en su habitación. Caminó un poco más y logró sentir algo, era un muro de piedra, o algo parecido. Al posar sus manos sobre ese muro, notó que la textura de éste cambiaba, era cada vez menos áspera, y más blanda. Presionó un poco más y sintió que algo lo atraía a ese muro, intentó caminar hacia atrás pero era imposible, ese algo se había apoderado de su voluntad, y ahora estaba cruzando a través de él.



Continuará...

Sueño de una noche de invierno


Ya es medianoche. Ella despierta, tranquila, ya no siente el dolor que sentía hace algunas horas, se siente mejor, mucho mejor. Suspira, cierra los ojos, y se deja abrazar por su soledad. Sin embargo, su soledad ya no es solo suya, hay alguien más en la habitación compartiendo el silencio y la oscuridad de aquella noche. Es imposible, no hay nadie más en esta casa. Pero hay alguien ahí... sin poder ver de quién se trata, ella sabe que hay alguien más. Debería estar asustada, pero no lo está. Es extraño, es... como estar dentro de un sueño, tal vez por eso no ha notado o no le da mucha importancia a ese cambio que ha sufrido su cuerpo.

La luna se asoma por la ventana e ilumina su cuerpo desnudo, un cuerpo que irradia juventud, fragilidad, perfección... y deseo. Con el brillo de la luna dándole directamente en el rostro le cuesta aun más distinguir quién se oculta en las sombras. Ella está desnuda y alguien la observa. ¿Porqué no está asustada?. Tal vez sea porque... realmente no hay nadie ahí. Debe ser solo mi imaginación, piensa ella, mientras se vuelve a acostar en la cama.

—Te ves tan hermosa como siempre —dice una voz, desde las sombras.

Esa voz sonó tan familiar, piensa ella, pero no puede ser.

—Es imposible —dice ella en voz baja, y añade —Debo estar alucinando.
—¿Me esperaste tanto tiempo solo para decir que, ahora, soy solo una alucinación? —responde alguien desde las sombras

Un minuto de silencio, por todas las memorias olvidadas, por todos los sueños enterrados, por lo que ya no sería nunca más, y que, sin embargo, en este instante estaba sucediendo.


—¿Cómo puede ser cierto? ¿Qué fue lo que... —un dedo índice se posó sobre sus labios, interrumpiendo sus infinitas dudas, y tranquilizándola.
—Ya habrá tiempo para responder sus dudas, jovencita. Después... —susurró él
—¿Jovencita?... pero...
— Shhhhh...


Él retiró el dedo de los labios de ella, y en su lugar posó sus propios labios, cálidos, tan llenos de amor, como ella siempre lo había recordado. Ella cerró los ojos, se olvidó de todas sus preguntas, lo abrazó con todas sus fuerzas. Un beso francés. Él acariciaba su cuerpo, con la misma suavidad con la que siempre lo hacía, tal y como ella lo recordaba, haciendo que ella experimentara sensaciones que hace tiempo había olvidado, y que ahora, volvían a estar presentes, con mayor intensidad que antes. Sus manos descendían poco a poco, acariciando su cuerpo, su cuello, sus senos, su vientre, sus piernas.

Ella lo detuvo en ese momento, y comenzó a quitarle la ropa lentamente. En medio de la noche, ella disfrutaba despojarlo a él de sus vestiduras y palpar con sus propias manos el cuerpo desnudo que se ocultaba debajo de ellas. Por un momento pensó que eso que estaba pasando era solo parte de un sueño, pero inmediatamente hizo a un lado sus pensamientos y se dedicó simplemente a disfrutar del momento.

En cuanto ambos estuvieron desnudos, las caricias se volvieron más intensas, el calor de la habitación aumentó, y la luna se ocultó por un instante, detrás de algunas nubes oscuras que atravesaban el cielo en ese momento. En medio de la oscuridad sus cuerpos se buscaron entre si, encontrándose una y otra vez, jugando, amándose.

Siguieron el curso natural de su deseo, y en cuanto la pasión empezó a rozar los limites del placer sus cuerpos pasaron a ser solo uno, buscando aun más placer, lo que siguió después: el cielo en la tierra, para ser más específicos, el cielo, contenido en aquella habitación. Por un instante que pareció ser eterno, esos cuerpos jóvenes ascendieron al cielo, sintieron el éxtasis en carne propia, y entre suspiros, descendieron lentamente, abrazados.

—Gracias por regresar, la vida ha sido muy dura sin ti —susurro ella, entre sus brazos.
—Te prometí que regresaría por ti —respondió él, con una sonrisa.
—Ni siquiera la muerte te detuvo, ¿verdad?
—Ni siquiera la muerte me separaría de ti —respondió él, y le dio un beso en la frente.
—¿Volverás a irte?
—Esta misma noche... pero, tranquila, no me iré sin ti

Hacía frío, su cuerpo comenzaba a debilitarse nuevamente... envejecía, volviendo nuevamente a su estado natural. Él se levantó y le pidió que se abrigara bien. Después de vestirse, ambos se acostaron nuevamente, abrazados. Observando a la luna, que nuevamente se asomaba por la ventana.

—Esto debe ser un sueño —repitió ella —pero cuando el sueño termine, se que seguiré estando a tu lado.
—Así será —contestó él.

Al día siguiente alguien entró al cuarto durante las primeras horas de la mañana, y encontró a una anciana, recostada sobre su cama, sin vida, con una sonrisa en los labios. Ella ya no estaba ahí, estaba en un mejor lugar, se había ido con la persona que había esperado por tantos años.

Fin...


**Esta historia fue escrita originalmente con una extensión mucho mayor, así que decidí hacerla más breve. Para saber un poco más del cómo y porqué fue escrita, lean este post. casi al final**

**El nombre se lo puso una amiga, ya que, al terminar de escribir la historia, no sabía qué nombre ponerle (en serio, no pude pensar en un nombre). ¿Qué nombre le pondrían ustedes?**

El día normal de una persona anormal.

Últimamente me siento más extraño que de costumbre.


Los rayos de sol perforaban el frío cristal y poco a poco se filtraban a través de las delgadas cortinas, en cuanto eso pasaba, se deslizaban por la oscura habitación y golpeaban los párpados del cuerpo inerte que yacía sobre la cama de aquel cuarto relativamente vacío.

Apenas hacían contacto con los rayos del sol, sus párpados empezaban a moverse, como si estuvieran luchando con las fuerzas que, por las noches, los mantenían cerrados. Unos segundos después, el cuerpo se movía un poco, la noche ya no pesaba sobre él, era libre.

Se levantaba, balanceando su cuerpo un poco, intentando mantener el equilibrio, mientras sus pensamientos se atornillaban a su frágil mente que a esas horas del día parecía ser más frágil y vulnerable. Se preparaba el desayuno de manera mecánica, no hacía falta pensar mucho, y desayunaba. Cuando sus pensamientos por fin estaban acomodados en el lugar en el que tenían que estar empezaba a hablar, y se contaba a si mismo el itinerario del día, el cual había planeado la noche anterior.

Salía de su casa y se ponía el sombrero, al mezclarse entre la gente él también parecía una persona normal, nadie lo distinguía en medio de todo ese mar de personas que a diario salían de sus casas e iban de un lugar a otro. De repente, él aprovechaba la confusión, todas esas personas a su alrededor, y se perdía. Solo Dios sabe a dónde iba durante el día, y qué era lo que él hacía.

Al atardecer, cuando el sol empezaba a perderse en el horizonte, una sombra alargada se dibujaba sobre la acera de su casa. Era él. Se detenía frente a su puerta y metía la mano en uno de los bolsillos del pantalón, sacaba entonces una llave de aspecto extraño y abría la puerta.

Al entrar, comenzaba a quitarse la ropa y se dirigía a la cama, la noche estaba a punto de llegar. Se sentaba en la orilla de la cama y miraba su reflejo en el espejo que se encontraba frente a él. Después de un largo rato de contemplación, dejaba escapar un suspiro casi infinito y se dejaba caer lentamente sobre la cama, las sabanas empezaban a cubrirlo lentamente mientras él cerraba los ojos, olvidándose de si mismo.

Durante sus últimos segundos de lucidez, un pensamiento atravesaba su mente, el mismo que pasaba por ella todas las noches y que volvía a aparecer por ahí todas las mañanas. Como una estrella fugaz que atraviesa la oscuridad de una mente frágil y oscura, ese pensamiento lo iluminaba por un segundo.

Y antes de quedarse completamente dormido... sonreía.


Fragmentación natural de los cuerpos

Has pasado mucho tiempo colgado de ese delgado hilo que a su vez cuelga de la nada, pero hoy decidiste despertar y descender, tus pies por fin tocaron el suelo y si, es como lo recordabas, solido, firme... simple... sin nada que pueda maravillarte, y sin embargo, te da cierta seguridad, te acostumbras un poco, das tus primeros pasos, abres los ojos y empiezas a observar, todo a tu alrededor es nuevo, todo es tan confuso, tan difícil de comprender, pero sigues caminando, sabes que tienes que llegar a ese lugar.

Nunca pensaste que este momento llegaría tan pronto, no estás obligado a hacer esto, pero sabes que tienes que hacerlo, has vivido lo suficiente como para saber que ha llegado el momento; te detienes por un momento a observar lo que sucede en la colina azul, alguien se ha desprendido de su sombra y se eleva poco a poco, de tus ojos cansados brota una lágrima. Debes seguir.

Mientras caminas miles de pensamientos se van acumulando, uno a uno empiezan a aparecer, te cuesta trabajo organizarlos pero lo intentas, con mucha dificultad lo intentas, el conocimiento de toda una vida empieza a ocupar tu mente en unos cuantos segundos, sientes que vas a estallar y te detienes, ya no puedes seguir. Has Fallado, no hay nada más.

Sabías que sería difícil, pero tenías la esperanza de poder llegar hasta el final, y ahora no puedes siquiera dar un paso más, tus fuerzas se desvanecen y te dejas caer.

Duermes.

Una suave brisa te hace despertar, abres lentamente los ojos y ves el amanecer, te preguntas si acaso fue un sueño, pero no, todos esos pensamientos siguen ahí, se reagrupan y te vuelven a atormentar, entonces escuchas una voz que viene de todas partes, te llama, te pones de pie y escuchas, te ordena empezar a hablar, pero... de qué puedes hablar en estos momentos si esos pensamientos no te dejan siquiera pensar en otra cosa.

Y por fin lo entiendes, este es el lugar, te pones de pie y empiezas a hablar, todos tus pensamientos se esparcen en el viento, en este momento nadie te oye pero el viento se encargará de llevar tus palabras a donde tengan que ir, empiezas a sentirte un poco más ligero y de repente empiezas a notar que tu cuerpo empieza a fragmentarse, puedes ver como se fragmenta en pequeñas partículas de un polvo muy fino, empieza a mezclarse con el viento, tu cuerpo se desvanece mientras hablas, tu existencia empieza a volar junto con tus palabras, y al final solo queda tu corazón, suspendido en el aire. Ya no se oye tu voz, solo queda el silencio.

Y entonces... un último latido, tu corazón estalla dejando escapar millones de suspiros. Todo ha terminado. Ahora puedes descansar. Puedes irte tranquilo, ahora sabes que una parte de ti ya forma parte del universo.


Peace&Love

Escape

Hoy decidí salir a caminar, alejarme un poco de todo. Camino. Mis pasos me llevan a un lugar apartado de la civilización. Aqui no hay nadie que interrumpa mis pensamientos, solo se escucha el susurro de los árboles y el suave sonido del viento deslizandose a mi alrededor. Miro hacia todas partes y compruebo que en verdad estoy solo.

Y entonces empiezo a pensar... en la fuerza de gravedad que me mantiene atado a la superficie de este planeta semi-esférico, en la indiferencia de la realidad, en las invisibles alas del alma que aletean desesperadamente sin lograr nada realmente, en tantas cosas que nublan el horizonte de mi existencia. Y entonces miro al suelo... y ahí está, tan inmóvil e inquieta a la vez, una sombra que me ha acompañado desde que tengo memoria, una sombra que fue adherida a mi desde el principio de mis días.
Por primera vez me parece tan ajena a mi, como una especie de parásito intangible que imita cada uno de mis movimientos, que se alimenta de mi presencia.La miro con recelo, como quien mira a un extraño que inspira desconfianza. Y en una pequeña fracción de segundo me lanzó contra ella, mis manos logran cruzar a la dimensión en la que se encuentra, la tomo del cuello con ambas manos... y aprieto... ella se resiste, extiende sus largos brazos hasta mi cuello e intenta luchar, no puedo dar marcha atras, ya es tarde para eso... aprieto un poco mas fuerte y siento como el cuello de aquel extraño ser se deshace entre mis dedos, se convierte en una especie de liquido oleoso, y termina derramado en el suelo, como una mancha negra que agoniza mientras se evapora ante mis ojos.

Ya terminó... me deshice de aquel oscuro parásito... y de repente, algo golpea mi interior, me siento cansado, miro a mi alrededor y empiezo a notar que mi vista empieza a nublarse.

¿Será posible que al deshacerme de mi sombra yo tambien deba desvanecerme con ella?


¿Acaso su destino estaba atado al mío como una ley universal escrita por la mano de Dios desde el principio de los días?

Caigo al suelo lentamente, como una pluma que, no encontrando un lugar mejor, se desliza suavemente en el aire para encontrar reposo en el suelo; miro el cielo al caer, y veo una nube que empieza a cubrir lentamente al sol... Siento un suave golpe, creo que he encontrado el suelo. Cierro los ojos.


[...]


Despierto. Me encuentro rodeado por una inmensa oscuridad adornada por pequeñas luces, creo que son estrellas.

¿Qué pasó? ¿En dónde estoy?

Me levanto y no veo nada a mi alrededor, no escucho nada, hay tanto silencio; miró al suelo para buscar mi sombra, pensando que talvez ha regresado, y no hay nada. Siento que ya he estado antes aqui. Camino esperando llegar a algún lugar... y después de un rato levanto la mirada, frente a mi hay un paisaje majestuoso.

Este lugar es... si... estoy casi seguro de que es...










Es el mar de la tranquilidad...






Lo he logrado...


La indiferencia de la realidad.

La luz se filtra a través del cristal oscuro y susurra a mi oido, abro los ojos lentamente y la veo, es la realidad, la misma que abandoné la noche anterior, con ese sabor agrio e indiferente, con esa consistencia tan espesa y ausente; su presencia me recuerda que sigo atado a ella, no importa cuantas veces lo intente, hay algo que me devuelve a sus brazos, la siento recostada a mi lado, mirandome desde el techo, susurrando versos sin sentido bajo la cama...

Y me levanto...

 Al parecer hoy sigue siendo igual que ayer, no hay muchos cambios, como si el tiempo se hubiera detenido en un día semi-eterno que imita a la perfección los ciclos del día y la noche, y nadie parece notarlo, han sido infectados con la indiferencia de la realidad y no perciben las extrañas e intrigantes maquinaciones del tiempo.


Pero qué estoy diciendo, ese tipo de cosas son imposibles, son irreales... Y lo irreal no tiene lugar dentro de la realidad. Asi ha sido siempre y asi será por varias eternidades mas.

Tomo una taza de café y me olvido de todas esas cosas, que nada tienen que ver con la realidad. Sonrío un poco al pensar en lo ridículo y fantasioso de mis ideas. Pero un pensamiento se me escapa y es consumido en el aire por la misma realidad, al disolverse deja escapar un grito casi imperceptible que hace eco en el aire, casi como un susurro, que me cuestiona...

¿Y si la realidad tambien me ha infectado a mi?

Un amor para la eternidad

Yo te conozco, sé que te he visto en algún lugar...





Si, ya recuerdo, me has acompañado siempre, aún desde antes de que naciera tú ya me esperabas, estabas predestinada para mí, sin embargo yo no te conocía, eras ajena a mi realidad, eras extraña, una desconocida. Cuando mi madre por fin me vió nacer tu ya sabías que algún día nos encontraríamos, de algún modo, todos lo sabíamos, sin embargo, pretendíamos ignorar eso y pensar en otras cosas.

A los siete años yo empecé a comprender ciertas cosas, entre ellas estabas tú, eras misteriosa, y eso me atraía mas a ti, y aunque no comprendía realmente la complejidad de tu belleza yo quería conocerte, pero no se lo dije a nadie, siempre fuí un poco tímido, y tu eras tan misteriosamente bella, además yo era muy pequeño y quizá por eso tú no te acercabas a mi.

La vida continuó normalmente, de arriba a abajo (y viceversa) como siempre; yo tenía unos nueve años cuando por fin te acercaste a mi, yo ya no estaba tan interesado en conocerte, mis pensamientos giraban en torno a otras cosas, ya no era ese niño pálido y de mirada triste, había cambiado un poco, y aunque seguía teniendo una mirada melancólica, en mi corazón existían sueños, ilusiones y un montón de cosas que con el tiempo fuí coleccionando. Pero eso no te importaba, después de todo tú ya estabas predestinada a cruzarte en mi camino algún día; por las noches me visitabas, me observabas por largas horas manteniendo tu distancia, como quien acecha a su presa antes de poseerla. Una de tantas noches tomaste una decisión, te recostaste a mi lado mientras yo dormía y muy suavemente rozaste mis labios, fue un beso que me quitó el aliento... y te fuiste, dejándome con el alma en los labios; recuerdo que aquella noche mi padre tuvo que sacarme en brazos, intentando hacerme reaccionar, y es que el veneno de tus labios me estremecía de tal manera que yo, literalmente, convulsionaba al no poder corresponder esos besos tuyos; recuerdo bien que la ultima vez que esto sucedió, mi padre me sacó al patio, estaba lloviendo, y solo al sentir las gotas de lluvia en mi cara pude reaccionar, era una extraña sensación, yo podía ver y escuchar todo lo que sucedía a mi alrededor, pero permanecía inmóvil, talvez como uno de los tantos efectos secundarios de tus besos.
Alguien dijo que tal vez un doctor podría extraer aquello que me impedía dormir tranquilo, y asi fué, una operación a los nueve años para alejarme de ti... durante un par de meses no volví a saber nada acerca de ti, pero claro, regresaste, siempre lo haces, la operación no sirvió de nada. Y alguien mas dijo: talvez unas pastillas puedan ayudarlo, y durante un par de años tomé varios medicamentos que me apartaron de ti, eso permitió que yo pudiera vivir tranquilamente lo poco que quedaba de mi infancia... si, por fin te habías ido.

Llegó la adolescencia, y automáticamente empecé a pensar en ti, frecuentemente me preguntaba a dónde te habías ido, qué había sido de ti; sabía que algún día nos volveríamos a encontrar, después de todo, tu y yo estamos predestinados a terminar juntos algún día; pero ya no te acercabas a mi como antes, me observabas de lejos, y solamente susurrabas sutílmente al viento, esperando que yo escuchara esos suaves llamados y me acercara a ti; en mi soledad yo te buscaba, y en varias ocasiones estuve a punto de dar el paso decisivo para acercarme a ti.

Ya ha pasado mucho tiempo desde que te acercaste a mi, y cada vez que empiezo a sentirme solo puedo notar tu presencia, cuando todo el mundo parece derrumarse tu te acercas un poco, extiendes tu mano y me ofreces amablemente tu compañia, pero la verdad es que... ahora me das miedo, ya no me atraes como antes, quizá en el futuro yo esté dispuesto a caer por fin rendido a tus brazos, pero por ahora no.

Apenas hace un par de horas me pregunté si talvez pudieras abrazarme y llevarme lejos de aqui, uno beso talvez, como aquellos que me dejaban inconsciente, o posiblemente deslizar tus delicadas garras uñas sobre mi muñeca y hacerme soñar. Se que estabas dispuesta a hacerlo, pero algo me detuvo, aún no ha llegado el momento, una parte de mi lo entiende y te pide que te alejes por ahora, el tiempo que sea necesario... Pero claro, hay otra parte de mi, quizá la parte mas oscura, la parte mas oculta de mi ser, que te sigue llamando, escucha tus susurros en el viento y suavemente te llama: Ven, Dulce Muerte.







Peace&Love

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