Azul




Que el tiempo se deslice, suavemente,
entre los múltiples vértices de este universo,
que el viento sople fuerte,
que despierte a los que aun duermen.

Azul, nostálgicamente azul.

Sus voces se distorsionan,
se contraen y se expanden,
se transforman,
en lenta metamorfosis.

Se convierten en música,
en murmullos, en silencios,
en ecos, en otras cosas;
ya no son voces,
ya no dicen nada,
y, sin embargo, lo dicen todo.

Y todo es azul, simplemente azul.

El silencio,
también él,
a veces,
se viste de azul.


Sopla un viento fuerte


— Imagina un pájaro posado en una rama delgada — dice — La rama oscila fuertemente al viento. Y, a cada ráfaga, el campo visual del pájaro, a su vez, va fluctuando ¿no es así?

Asiento.

— ¿Y, cuando esto sucede, cómo crees que el pájaro estabiliza su campo visual? — Sacudo la cabeza.

— No lo se.

— El pájaro sube y baja la cabeza y se ajusta a la oscilación de la rama. La próxima vez que sople un viento fuerte observa bien a los pájaros. Yo me paso mucho tiempo mirando por la ventana. ¿No te parece que debe de ser agotadora una vida así?, vivir moviendo el cuello a cada oscilación de la rama en la que estás posado. Pero los pájaros están acostumbrados. Para ellos eso es lo más natural. Pueden hacerlo sin ser conscientes de ello. Por eso no les resulta tan cansado como nos parece a nosotros. Pero yo soy un ser humano y, a veces, me canso.

— ¿Está usted posada en una rama?

— Según como lo mires — dice — Y, a veces, sopla un viento fuerte.



Fragmento de Kafka en la Orilla, de Haruki Murakami.

21 de Febrero del 2013

Por fin pude silenciar las voces.

Después de varios días escuchándolas, debatiendo contra sus argumentos, soportando el peso de sus palabras. Por fin.

Desperté, y no había nada. Abrí los ojos y, mientras mi mirada cansada se posaba en el techo, guardé silencio para escuchar lo que me tenían que decir hoy, solté un leve suspiro mientras esperaba, pero no ocurrió nada.

Síndrome de Estocolmo, tal vez. Me había acostumbrado a ellas y me sentí extraño al notar su ausencia, como si hubiera perdido una parte de mis propios pensamientos. Como si ellas, al partir, se hubieran llevado una porción de mi mente.

Pero está bien, es mejor así, supongo.

Me levanté con una sonrisa, y me alegré al pensar que por fin podría descansar un poco, al menos hasta que esas voces regresaran.

Shhhh... podrían estar escuchándome... tal vez sea conveniente no hablar mucho de ellas, tal vez dentro de un par de días. Por ahora, todo está bien.


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