El penúltimo post...

Por si no lo pudieron leer en facebook (o tumblr o twitter):

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Es oficial:

Se ha llegado a un punto en el que consideramos necesario "cerrar" ambos blogs.

Desde el primer post hasta los últimos pasamos por tantas cosas, todas ellas reflejadas en cada nueva actualización del blog, pero después de meditar sobre el tema durante varios días hemos decidido concluir de manera definitiva ambos "web logs".

Si bien mi gusto por la lectura/escritura aun permanece, tal vez deba considerar otros puntos de difusión, quizás también me tome más en serio y empiece a pulir lo que hasta hace poco era solo un pasatiempo; pero eso es algo que se decidirá posteriormente.

Desconozco los datos que muestran las estadísticas del blog, pero estoy consciente de que ya son muy pocos los que visitan periódicamente mis blogs (yo mismo he dejado de leer la mayoría de los blogs que antes leía sin falta), es por eso que este aviso se publica primeramente en las redes sociales (¡ja!, un antisocial dependiendo de las redes sociales), para que no digan que no les avisé :v

Éste no es el último post, es más bien el penúltimo (no se porqué, pero el Mago me ha pedido que se haga de esta manera). Nos leemos en el futuro.

Y como dijera Neruda: ahora contaré hasta doce, y ustedes se callan y me voy :)

Fin del comunicado.

Por si aun no conocían los dos blogs:

http://uncronopiollamadomago.blogspot.mx/

http://pieces-of-my-head.blogspot.mx/

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El último post, tanto en éste como en el otro blog, será publicado esta semana...

Nostalgia

(Del gr. νόστος, regreso, y -algia ).
1. f. Pena de verse ausente de la patria
o de los deudos o amigos.
2. f. Tristeza melancólica originada por
el recuerdo de una dicha perdida.

La calle está vacía. Él camina despacio, no tiene prisa. Saca un cigarro y lo enciende; mientras exhala el humo, piensa, y habla consigo mismo.

—En noches como ésta...
—¿Qué?
—Nada, intentaba iniciar una conversación, pero no sé como terminar la frase.
—Hay muchas maneras de terminarla.

Los charcos que la lluvia ha dejado a su paso se extienden sobre la acera, bajo sus pies.

—Nostalgia.
—¿Mmmm?
—Creo que me siento nostálgico.
—Los días fríos y lluviosos suelen ponerte así.
—También las noches solitarias. Es como si el resto del mundo se detuviera y empezara a desvanecerse lentamente.
—Y tú con él.
—Yo no me desvanezco, desafortunadamente.
—¿Te sientes perdido?
—Un poco. Aunque nunca he estado realmente seguro de en dónde estoy, así que podría decir que siempre he estado un poco perdido.
—Estás en donde debes estar.
—A veces lo olvido, y siento la necesidad de estar en otra parte... o en distintas partes, al mismo tiempo.
—El sueño te llevará a esos lugares.
—Los mundos oníricos ya no me son suficientes, mi cuerpo se desgasta, mi espíritu se apaga lentamente, y todo parece seguir igual.
—Se acerca el tiempo, sé paciente.
—Lo sé.

Su cigarro está a punto de apagarse y el día termina así, a medianoche, con él caminando sólo por las calles, imaginando que el mundo a su alrededor se desvanece y se apaga poco a poco.

Se detiene antes de llegar a casa, cierra los ojos. Sus labios se mueven y de ellos brota un susurro, una oración que se eleva como en otro tiempo. Nadie lo oye, pero él espera que esto no sea totalmente cierto.

Mañana será otro día...

Selah

Nada ni nadie...



Ad occasum tendimus omnes





Busco una calma inalcanzable, la atmósfera aquí no es fiable,
quiero estar solo si solo todo estará bien, que nadie me hable,
que no rompan este silencio, es mío,
hoy quiero sentir el frío vértigo.

Que el mundo pare y me separe del cansancio de vivir así,
harto de fingir excusas, musas siento huir de mí,
cosas que viví, esta cicatriz de traumas
desangra versos, desarma el alma.

Es mi verdad maldita, mitad genio,
mitad flor marchita que se apaga,
porque haga lo que haga, el premio
no cambiará mi estado de ánimo.

Es este sentimiento pésimo que me tiene pálido,
con mis colegas no soy cálido, ya no hay remedio,
preguntan qué sucede y me limito a mirar serio,
mi amada siente el tedio, dice que estoy distante,
me mira y se que ve una decepción constante.

Y si la vida es un instante, hoy quiero olvidar que existo,
quiero escapar a mi desierto sin ser visto,
salir de este círculo, volar a otro lugar,
quedarme quieto, allí la soledad es mi amuleto.

Nada ni nadie hoy me acompaña en este baile,
quiero estar solo si solo todo estará bien,
que nadie hable, me falta el aire,
por una vez que el mundo calle.

Me importa una mierda lo que el resto diga,
que se alegren o que me envidien por todo lo que consiga,
mi única enemiga es esta mente rota desde crío,
abre puertas prohibidas empujándome al vacío.

Sonrío por compromiso y casi no veo a los míos,
mi familia, la gente que más me quiso,
con mi rap estoy de luto, no disfruto, es mi veneno,
ver que, escriba lo que escriba, pienso que no soy tan bueno.
Y si pierdo confianza, atado a las circunstancias,
vago igual que un zombie; temores, nunca los vencí.

Y con Dios mantuve un pacto demasiado triste,
él jamás habla conmigo y yo no digo que él no existe.
¿Perdiste el norte?, yo lo perdí al jugar con miedo,
al sentir nervios traicioneros tensando mis dedos,
puedo soportarlo, quise esquivarlo, y nada cambia,
ahora mi corazón es como un invierno en Finlandia.

No queda rabia, solo pena, una gangrena que mis venas pudre,
pieza perdida del puzzle, que nació un 1 de Octubre,
y desde entonces vive...
condenada y loca, rosa espinada, sangra quien la toca.

Quise compañía y obtuve un monólogo,
quise un final feliz y me quedé en el prólogo;
la droga es el peor psicólogo, nunca curo mi ahogo,
solo quiero correr a otro horizonte y estar solo.

Nada ni nadie hoy me acompaña en este baila,
quiero estar solo si solo todo estará bien,
que nadie hable, me falta el aire,
por una vez que el mundo calle.


...




Y Siddharta dijo en voz baja, como si hablara consigo mismo:

¿Qué significa el arte de ensimismarse? ¿Qué es el abandono del cuerpo? ¿Qué representa el ayuno? ¿Qué se pretende al detener la respiración? Se trata sólo de huir del yo. Es un breve escaparse del dolor de ser yo, una breve narcosis contra el dolor y lo absurdo de la vida. La misma huida, la misma breve narcosis encuentra el arriero en el albergue cuando bebe algunas copas de aguardiente de arroz o de leche de coco fermentada. Entonces ya no siente su yo, ya no experimenta los dolores de la vida; en aquel momento ha encontrado una breve narcosis. Dormido sobre su copa de aguardiente de arroz alcanza lo mismo que Siddharta y Govinda después de largos ejercicios: escapar de su cuerpo y permanecer en el no-yo. Así sucede, Govinda.

Govinda repuso:

Así hablas, amigo, y sin embargo sabes que Siddharta no es ningún arriero y que un samana no es un borracho. Verdad es que el borracho encuentra su narcosis, alcanza una breve huida y un descanso, pero regresa de la vana ilusión y se halla igual; no se ha hecho más sabio, no ha ganado conocimientos.

Siddharta declaró sonriente:

No lo sé, nunca he estado borracho. Pero sí sé que yo, Siddharta, en mis ejercicios y en el arte de ensimismarme sólo encuentro una breve narcosis, y me hallo tan alejado de la sabiduría y de la redención como cuando de niño, en el vientre de mi madre.




Siddharta, de Herman Hesse (fragmento)

Fuera del tiempo




Breve et irreparabile tempus omnibus est vitae.







Uno vive dejando partes suyas por todos lados; pequeños fragmentos que, vistos a la distancia (y a través del tiempo), aún continuan brillando. Es así que, al dar media vuelta y echar un vistazo al camino recorrido, podemos observar a aquellos viejos amigos de la infancia, de los que ya sabemos muy poco (o casi nada, en algunos casos), o probablemente aún podamos sentir aquel primer beso que, en su momento, nos emocionó tanto, y que ahora solo parece un recuerdo distante.

Como estrellas distantes que brillan a lo lejos, pero ya no están...

O, simplemente observamos a la persona que fuimos el día anterior, tan ajena y tan de uno mismo, que nos hace sentir un poco extraños. Después, con cierta nostalgia, volvemos al camino, porque aun nos queda, delante de nosotros, la senda que nos llevará a ser el hombre que seremos mañana.

El hombre del mañana.

¿Qué significa eso?

Dicen que el Hoy es el Mañana que tanto nos preocupaba Ayer. Frases hechas que se repiten una y otra vez... una y otra vez. El Mañana es Hoy. Claro, porque... después de todo, ¿qué es el tiempo?

¿Y qué pasa cuando el Tiempo deja de ser lo que es para convertirse en un concepto difícil de comprender?

...

Sucedió hace un par de años. Durante un momento de introspección, cuando descubrí que además de poder mirar hacía adentro, teníamos el don de poder mirar hacia atrás y observar el camino recorrido, con tanta claridad, sobre todo cuando se entrelazaban los recuerdos que habíamos dejado dispersos en él, como pequeñas migajas que nos mostraban el camino de regreso a nuestro origen. El sendero de vuelta a la semilla.

Uno puede aprender muchas cosas cuando mira hacia adentro. Y cuando se observa hacia atrás, uno logra aprender un par de cosas más.

Pero el aroma de la incertidumbre me hizo girar y ver hacia el otro lado.

El pasado era una cosa, solo había que observar el camino que habíamos dejado atrás, y se podía empezar a recordar, así de fácil (aunque, obviamente, la práctica siempre es necesaria para lograr cierto grado de especialización). Algunos recuerdos empezaban a apagarse, es cierto, pero muchos de ellos brillaban con tanta intensidad que era muy fácil poder distinguirlos, aun cuando éstos ya estaban muy distantes, y otros más, casi inalcanzables.

En cambio, el Futuro era algo distinto. Como pude notar desde un primer momento, no se distinguía nada en él.

Bajé la mirada y pude ver mi Presente, eso siempre había estado ahí, y me había acostumbrado tanto a él, que no me preocupaba realmente. Sin embargo, lo que había delante de mí, era distinto, era inefablemente misterioso. Y era ese misterio lo que me atraía tanto. Merecía ser estudiado detenidamente. Pero... ¿cómo se estudia lo que no se ve, lo que no está ahí?

Pasé mucho tiempo observando esa densa oscuridad que se cernía frente a mí. A pesar de no mostrarme nada, resultaba más fascinante que lo que había detrás, en mi Pasado. Pero no había manera de adentrarme en él. Lo único que podía hacer era caminar, hacer que el tiempo convirtiera el Futuro en mi Presente, pero entonces... ya no era el Futuro.

Y de nuevo, ¿qué significaba realmente el tiempo?, ¿había manera de usarlo a mi favor?

Sin saber qué hacer, me sumergí en mi propio ser, busqué respuestas en donde solo había preguntas y, después de varias muertes y resurrecciones, surgí de las profundidades de mi Yo, un poco siendo el mismo, y un poco siendo otra persona.

Fue en ese momento cuando me desprendí de mis propias limitaciones, y quise asimilar lo que había detrás de mí como parte de mi Presente, con la esperanza de que el Futuro también fuera parte de ese proceso de asimilación de la dimensión temporal de la realidad. Y todo cambió; por un breve instante el Tiempo y el Espacio fueron solo una ilusión, no se cómo fue que sucedió, ni siquiera estoy seguro de que haya sucedido (al menos no bajo lo que definiríamos como suceso o evento, ya que no tuvo nada que ver con el plano espacio-temporal), pero después de eso pude ver que el Futuro ocultaba pequeñas siluetas luminosas dentro de la inmensa mancha oscura que lo contenía.

Aproveché la Atemporalidad Momentánea y pasé media eternidad aprendiendo a descifrar lo que había frente a mí. Aprendí a ver nuevamente, pero de un modo distinto. Durante mucho tiempo aprendí, y dejé que mi mirada se acostumbrara más y más al horizonte oscuro que se levantaba frente a mí.

Y, un día, no vi nada más. Mi mirada alcanzó el borde de mi existencia. Pero yo no estaba ahí. Era como si yo me hubiera desvanecido varios años antes; o siglos, no estaba consciente de cuánto había pasado realmente. Estuve tan fascinado con todo lo que veía y aprendía que me olvidé de mí mismo, y cuando me busqué, en mi propio Futuro, en la orilla de mi propia realidad, no me encontré. Percibía otras sombras, otras presencias, que me eran familiares, aunque no sabía porqué; pero aunque me esforzaba, yo ya no estaba ahí.

Intenté mirar hacia atrás, desde ese punto. Pero a esa distancia, lo único que pude lograr fue regresar a mi punto de partida: el Presente. Una extraña sensación de irrealidad se apoderó de mí. Sentí la levedad de mi propio ser y, fatigado, me dejé caer.

En el cielo se podían distinguir algunas estrellas. No sabría cómo explicarlo, pero algunas parecían sonreír.

Cerré los ojos y dormí. Habité dentro de mis propios sueños por un largo tiempo. Durante muchos días y muchas noches, el reino de los sueños fue el lugar en el que mi espíritu y mi alma se ocultaron. Hasta la noche en que volví a despertar. Aquella noche me levanté y decidí caminar otra vez; tenía que volver a buscarme, tenía que encontrar el momento en que yo dejé de estar sin dejar de existir. Me llevaría mucho tiempo, probablemente una eternidad, o quizá un poco más.

Pero no tenía prisa. Uno descubre muchas cosas cuando aprende a ver.

Así que me levanté, y retomé el camino.




Epílogo:

Lejos, muy lejos de aquí, alguien observa, fuera de este plano existencial, todo lo que sucede en las distintas dimensiones de la realidad. Su pensamiento es distinto al nuestro, su existencia es completamente ajena a nosotros. Él existe sin existir.
En este momento (y en todos los momentos), muy lejos de aquí, cierra los ojos y sonríe. Aunque permanece inmóvil, se mueve en todas direcciones. Y sin pronunciar ninguna palabra, nos dice: Buen viaje.

Diálogos I




—Tanto tiempo sin vernos.

—De hecho, no nos estamos viendo.

—Cierto. Oye, me preguntaba... ¿qué apariencia tendrías si estuvieras de este lado?

—¿Apariencia? ¿No has aprendido nada?

—Solo bromeaba. Sabes, hace un par de meses dije que hablaría sobre tí y tu... "naturaleza"

—La apariencia, la naturaleza... todo eso hace referencia al mundo físico, yo pertenezco a un plano distinto.

—Si, aunque, tú mismo lo has dicho, todos los planos están conectados entre sí; entonces, una parte tuya también debería formar parte del plano físico.

—Y esa parte eres tú. Y, en cierta medida, una parte tuya también se encuentra de este lado.

—Mmmm... de todas formas, sería demasiado complicado intentar explicarte, y sobre todo, explicarnos.

—Podrías usar la imagen del trébol, como San Patricio.

—Si, ya lo había pensado, pero creo que no es tan simple...

—Nada es tan simple. Pero podrías empezar por algo sencillo, e ir encaminándote hacia lo más complejo.

—Así tal vez hasta podrías explicarme a mí también.

—Claro, no pensaba excluirte.

—"No pensaba excluirte", eso dices ahora.

—Este diálogo se complica, pero resulta interesante, deberíamos reunirnos más seguido.

—Lo sé.

—Bueno, hasta la próxima, amigos.

—¿Ya te vas?

—Ya nos vamos.

—Así es, ya es hora de irnos.

—Bueno, entonces, hasta la próxima. Peace...

—Ja. No empieces con eso.

—No te preocupes, no hace falta.

—Ok... hasta la próxima

La Procesión Negra


Bienvenido a la Procesión Negra...





Cuando era un niño
mi padre me llevó a la ciudad
a ver a una banda musical marchar.
Él dijo: "Hijo, cuando crezcas,
¿serás el salvador de lo roto,
lo deshecho y lo maldito?

Él dijo: "¿los derrotarás,
a tus demonios, y a los no creyentes,
a los planes que han hecho?
porque un día te dejaré
un fantasma para guiarte en el verano,
para unirte a la Procesión Negra.

Cuando era un niño
mi padre me llevó a la ciudad
a ver a una banda musical marchar.
Él dijo: "Hijo, cuando crezcas,
¿serás el salvador de lo roto,
lo deshecho y lo maldito?

A veces tengo la sensación
de que ella me está observando
y otras veces siento como si yo debiera ir,
a través de todo, el ascenso y la caída,
los cuerpos en las calles.
Y cuando te vayas, queremos que todos lo sepan...

Continuaremos...
y aunque estés muerto y te hayas ido, créeme,
tu recuerdo continuará.
Continuaremos,
y en mi corazón, no puedo contenerlo,
el himno no podrá explicarlo.

Un mundo que te envía tambaleándote,
desde los sueños diezmados,
tu miseria y tu odio nos matarán a todos,
así que píntalos de negro y regrésalos,
gritemos alto y claro,
desafiando hasta el final, escucharemos el llamado.

Continuaremos...
y aunque estés muerto y te hayas ido, créeme,
tu recuerdo continuará.
Continuaremos,
y aunque estés roto y derrotado,
tu cansada viuda marchará.

Y continuaremos a través del miedo.
Los rostros desilusionados de tus hermanos,
echa un vistazo a mis motivos,
no me importa en absoluto.

Hacer o morir, nunca me superarás,
porque el mundo nunca tomará mi corazón,
inténtalo, nunca me romperás,
lo queremos todo, queremos interpretar este papel.
No explicaré nada ni diré "lo siento",
no estoy avergonzado, mostraré mi cicatriz.
Aplaudan a los caídos.
Escucha, porque esto es lo que somos,
soy solo un hombre, no soy un héroe,
solo un chico, el que tenía que cantar esta canción.
Soy solo un hombre, no soy un héroe,
¡No me importa!

Continuaremos...

...


Estoy mal...



Pensaba escribir un breve enredo textual, una laberíntica argumentación, para explicar esto y aquello, minimizar la importancia de ciertas cosas, bromear con lo que debería preocuparme, evitar a toda costa  provocar la condescendencia de quienes lleguen por aquí. Pero no... después de todo, ni yo mismo sabría por donde empezar a explicar lo que no he podido entender bien. Así que, mejor, dejémoslo así..


Solo una imagen de una de mis películas favoritas, con palabras que sirven como introducción...




Y una canción. Porque ya lo decía Nietzche: La vida sin música sería un error.






Nos leemos en el futuro, damas y caballeros...



You who swallowed a falling star, oh, heartless man...






Un

corazón

es

una

pesada

carga


·

·

·







Contemplaciones...

Ahora contaremos hasta doce y nos quedamos todos quietos, dice un tal Neftalí Reyes. El Mago lo escucha y no dice nada, él sabe cuándo debe guardar silencio (y cuando no), y no tiene que contar ni 3, ni 12, ni 100, ni nada. Mientras tanto... yo... 1, 2, 3... hasta 12. Cuento, mientras pienso que yo tampoco tengo problemas para guardar silencio, el problema está en que, en ocasiones, el silencio termina guardándome a mí.

Y entonces voy de Pablo a Julio. Del 12 al 73. Y desde algún punto, entre el silencio y la reflexión, Julio nos dice, con ese acento tan propio de él que...

Todo es escritura, es decir fábula. ¿Pero de qué nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto? Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. En uno de sus libros Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. El tipo murió de un síncope, y el tornillo desapareció apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizá lo saca en secreto y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no comprende, una oscura reprobación. Sólo se calma cuando saca el tornillo y lo mira, se queda mirándolo hasta que oye pasos y tiene que guardarlo presuroso. Morelli pensaba que el tornillo debía ser otra cosa, un dios o algo así. Solución demasiado fácil. Quizá el error estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenía la forma de un tornillo.





—Y el mundo, ¿qué forma tiene?— me pregunto.
—El mundo no tiene forma, adopta la forma del recipiente que lo contiene— responde el Mago.
—¿Cada cabeza es un mundo?
—Cada cabeza es un recipiente.
—¿Un recipiente vacío?
—Un recipiente lleno... de sí mismo, de su propio mundo.

—Ahora contaré hasta doce y tú te callas y me voy— me dice Pablo.

—Pura tura— dice Julio, mientras se fuma un cigarrillo y se desvanece con el humo.

—Ya es medianoche— dice el Mago.
—Ya casi es hora de dormir— pienso... mientras contemplo al mundo, que se agita un poco, dentro de mí.

Creer...



—Bien. Ahora, dime...
—¿QUÉ HUBIERA OCURRIDO SI NO LO HUBIERAS SALVADO?
—Si.
—EL SOL NO HABRÍA SALIDO.
—¿Entonces qué habría ocurrido?
—UNA MERA PELOTA DE GAS ENCENDIDO HABRÍA ILUMINADO EL MUNDO.
—Bien, no soy estúpida. Estás diciendo que los humanos necesitan fantasías para hacer la vida soportable.
—NO. LOS HUMANOS NECESITAN FANTASÍA PARA SER HUMANOS. PARA ESTAR EN EL PUNTO EN DONDE EL ÁNGEL CAÍDO SE ENCUENTRA CON EL SIMIO EN ASCENSO.
—¿Con Hadas de los dientes? ¿Papás puercos?*
—SI. COMO PRÁCTICA. TIENES QUE EMPEZAR A APRENDER A CREER EN LAS PEQUEÑAS MENTIRAS.
—¿De modo que podamos creer en las grandes?
—SI. JUSTICIA, PIEDAD, DEBER, ESE TIPO DE COSAS.
—¡No son en absoluto lo mismo!
—¿ESO CREES? ENTONCES TOMA EL UNIVERSO Y MUÉLELO HASTA EL POLVO MÁS FINO, Y TAMÍZALO A TRAVÉS DEL CERNEDOR MÁS FINO, Y ENTONCES MUÉSTRAME UN ÁTOMO DE JUSTICIA, UNA MOLÉCULA DE PIEDAD. Y CON TODO... TRATAS DE ACTUAR COMO SI HUBIERA ALGÚN ORDEN IDEAL EN EL MUNDO. COMO SI HUBIERA ALGUNA... ALGUNA RECTITUD EN EL UNIVERSO, POR LA QUE PUEDA SER JUZGADO.
—Pero la gente tiene que creer en eso. ¿Cuál es el punto?
TIENES QUE CREER EN COSAS QUE NO SON VERDADERAS. ¿DE QUÉ OTRA MANERA PUEDEN CONVERTIRSE EN REALES?





Por eso, agradezco a aquellos que aun creen y recuerdan al Mago; aun cuando ni siquiera yo sabría explicar la naturaleza de ese extraño alter ego, ni los motivos precisos de su presencia y/o ausencia. Él también se los agradece.

Nos leemos en el siguiente post. Peace&Love


*Nota: Papá Puerco es la personificación de una fiesta que se celebra en los últimos días del año en el universo del MundoDisco, este personaje es para ellos lo que para nosotros es Papá Noel (Santa Claus, San Nicolás, etc) -Fin de la nota :P-

Azul




Que el tiempo se deslice, suavemente,
entre los múltiples vértices de este universo,
que el viento sople fuerte,
que despierte a los que aun duermen.

Azul, nostálgicamente azul.

Sus voces se distorsionan,
se contraen y se expanden,
se transforman,
en lenta metamorfosis.

Se convierten en música,
en murmullos, en silencios,
en ecos, en otras cosas;
ya no son voces,
ya no dicen nada,
y, sin embargo, lo dicen todo.

Y todo es azul, simplemente azul.

El silencio,
también él,
a veces,
se viste de azul.


Sopla un viento fuerte


— Imagina un pájaro posado en una rama delgada — dice — La rama oscila fuertemente al viento. Y, a cada ráfaga, el campo visual del pájaro, a su vez, va fluctuando ¿no es así?

Asiento.

— ¿Y, cuando esto sucede, cómo crees que el pájaro estabiliza su campo visual? — Sacudo la cabeza.

— No lo se.

— El pájaro sube y baja la cabeza y se ajusta a la oscilación de la rama. La próxima vez que sople un viento fuerte observa bien a los pájaros. Yo me paso mucho tiempo mirando por la ventana. ¿No te parece que debe de ser agotadora una vida así?, vivir moviendo el cuello a cada oscilación de la rama en la que estás posado. Pero los pájaros están acostumbrados. Para ellos eso es lo más natural. Pueden hacerlo sin ser conscientes de ello. Por eso no les resulta tan cansado como nos parece a nosotros. Pero yo soy un ser humano y, a veces, me canso.

— ¿Está usted posada en una rama?

— Según como lo mires — dice — Y, a veces, sopla un viento fuerte.



Fragmento de Kafka en la Orilla, de Haruki Murakami.

21 de Febrero del 2013

Por fin pude silenciar las voces.

Después de varios días escuchándolas, debatiendo contra sus argumentos, soportando el peso de sus palabras. Por fin.

Desperté, y no había nada. Abrí los ojos y, mientras mi mirada cansada se posaba en el techo, guardé silencio para escuchar lo que me tenían que decir hoy, solté un leve suspiro mientras esperaba, pero no ocurrió nada.

Síndrome de Estocolmo, tal vez. Me había acostumbrado a ellas y me sentí extraño al notar su ausencia, como si hubiera perdido una parte de mis propios pensamientos. Como si ellas, al partir, se hubieran llevado una porción de mi mente.

Pero está bien, es mejor así, supongo.

Me levanté con una sonrisa, y me alegré al pensar que por fin podría descansar un poco, al menos hasta que esas voces regresaran.

Shhhh... podrían estar escuchándome... tal vez sea conveniente no hablar mucho de ellas, tal vez dentro de un par de días. Por ahora, todo está bien.


Tic Tac

La mirada clavada fijamente en el techo, el cuerpo rígido, los pensamientos huecos. ¿Qué está pasando? ¿En dónde estoy?

El silencio empieza a hacerse cada vez más espeso y de repente, un latido, dos latidos, tres... se abren paso para marcar una especie de ritmo en esta noche oscura, un ritmo que me recuerda que estoy vivo, aunque éste resulta ser un sonido más mecánico que orgánico. Es entonces cuando lo comprendo, ese no es un latido proveniente de un corazón que bombea sangre, ese es el sonido de varios engranes funcionando de manera conjunta.

Una máquina. Eso es. ¿Una máquina?

Me quedo quieto y sigo el ritmo del complejo engranaje que hay en mi interior (¿Qué otra cosa podía hacer?). Todas esas ruedas dentadas que se mueven mecánicamente. Es toda una maravilla, pienso yo. Cuando me acostumbro al funcionamiento de esa máquina interna empiezo a sentir cómo mis pensamientos se expanden un poco más, gracias a unas pequeñas chispas que empiezan a encenderse en mi cerebro, pequeñas descargas eléctricas, casi imperceptibles... pero ahí están, lo sé, las siento... encendiéndose y apagándose de manera intermitente. ¿Aun puedo llamar cerebro a lo que tengo en la cabeza? Tal vez si, un cerebro mecánico. Una computadora, o algo así.

Muevo algunos músculos metálicos de mi rostro y, en la oscuridad, se dibuja algo parecido a una sonrisa. Los engranes siguen realizando su trabajo. Y entonces, la sonrisa desaparece, y un rostro de preocupación aparece en su lugar. Una chispa se ha encendido dentro de ese cerebro mecánico, y después de varias operaciones lógicas y matemáticas, he descubierto algo terrible. Todos esos engranes, cables, órganos metálicos, todo ese complejo mecanismo, forma parte de una máquina terrible y mortal. Una bomba de tiempo. No se cómo lo sé, pero estoy seguro de eso. Podría llamarse intuición, aunque una máquina no puede hablar de intuición, es más bien una conclusión lógica, aunque no tengo idea de cómo llegué a esa conclusión.

Intento mover las manos, esperando no realizar algún movimiento que altere mi funcionamiento y me haga estallar antes de tiempo. Pero... ¿porqué? ¿con qué propósito he sido activado? ¿quién encontrará su momento final cuando mi reloj interno llegue a 00:00:00?

Mis manos llegan hasta mi pecho, busco algo, algo parecido a... algo parecido a... ahí está... presiono un botón, y una tapa metálica se abre al instante, dejando al descubierto todo ese complejo aparato que trabaja sin detenerse. Tal y como lo pensaba, ahí se esconde un maravilloso mecanismo compuesto de cables, circuitos, engranes y otras cosas que desconozco, pero aun así, estoy seguro de que forman parte de una bomba.

Más operaciones lógicas. Lo tengo. Solo debo desconectar un cable. Ok, eso es fácil, después todo estará bien. Pero... ¿cuál? ¿el rojo o el azul?... y además... ¿cómo distingo un color de otro en medio de la oscuridad? ¿el rojo tendrá una textura distinta al azul?. Mi cerebro mecánico parece estar cansado y no me da ninguna respuesta.

Mis manos retroceden, dejando ese aparato tal y como está. Cierro la tapa y espero. Qué más da, para esto he sido construido, supongo. Mi cerebro parece trabajar de manera errante, la presión se acumula ahí arriba, poco a poco, y me impide pensar correctamente. No importa.

Tic, tac, tic, tac, tic... el sonido del reloj continua, no se detiene. Así debe ser.

Las chispas vuelven a encenderse, y repentinamente, descubro que faltan 90 segundos. ¿90 segundos para qué?. La respuesta es obvia. No tengo que realizar más operaciones lógicas para saber lo que sucederá.

Mientras espero, pienso, no como una máquina, sino como un ser humano, hecho de materia orgánica, y recuerdo aquellas preocupaciones que me estresaron durante el día: el trabajo, las cuentas que hay que pagar, los compromisos pendientes, mi familia, mi esposa y mis hijos, ni siquiera me queda tiempo para vivir. Pero eso ya no importa, ahora soy una máquina. De hecho, tal vez nunca fui un humano, ¿o si?, ¿entonces, porqué tengo esos recuerdos?, y si alguna vez fui un humano, ¿en qué momento dejé de serlo?, ¿en realidad soy una máquina?. Probablemente esto sea solo una pesadilla. Un segundo antes de estallar me despertaré agitado y dejaré de preocuparme por la inminente explosión. Y entonces me preocuparé por lo que ya me preocupaba antes. Mmmm... viéndolo de esta manera, tal vez sea mejor estallar, dejar de preocuparme y dejarme ir.

00:30, 00:29, 00:28...

Sonrío.

00:23, 00:22, 00:21...

Dejo de sonreír.

Ya falta poco. Inhalo y exhalo lenta y profundamente. ¿Porqué una máquina necesitaría oxígeno?, me pregunto. Qué importa. Entender y explicar mi propio funcionamiento me tomaría mucho tiempo y, lamentablemente, el mío ya se está acabando.

00:15, 00:14, 00:13...

Ya casi.

00:11, 00:10, 00:09...

Cierro los ojos y espero el inminente final. Tal vez... tal vez, si tan solo tuviera más tiempo, lo aprovecharía mejor. Dejaría de preocuparme por cuestiones humanas. Lo haría mejor. ¡Tonterías! yo nunca he sido humano. Aunque... me hubiera gustado ser uno de ellos. Una máquina con pensamientos humanos, quién lo diría. Con la poca ironía que queda en mis circuitos pienso en todos esos humanos que se convierten a sí mismos en máquinas. Siento lástima por ellos

00:03, 00:02...

Eso es todo. Hasta aquí llego yo.

00:01, 00:00

¡Boom! Una explosión. Fuego por todas partes, consumiéndolo todo. Consumiendo... ¿nada?... no... eso no fue lo que pasó. No hubo ningún boom, ni siquiera un bang. El reloj sigue en 00:00:00. Pero yo también sigo aquí. ¿Qué pasó?. Noto un suave movimiento en el interior de mi pecho, e intento adivinar qué es. No estoy seguro, pero parece ser un péndulo.

Sigo asustado y me quedo quieto por un rato más, empiezo a acostumbrarme a ese péndulo, pero también empiezo a notar que poco a poco se va desvaneciendo. Y en su lugar, empiezo a sentir nuevamente los latidos de mi corazón. Automáticamente, llevo mis manos hacia mi rostro. Ya no hay placas metálicas, lo que mis manos sienten es piel, tejido vivo. ¿Fue solo un mal sueño?.

Pero todo parecía tan real. Miro a un lado y ella sigue ahí, durmiendo tranquilamente. La abrazo. Qué bien se siente no ser una máquina. Qué bien se siente volver a ser el mismo de antes. No, no es así, algo cambió, no se cómo ni porqué, pero estoy seguro de que algo cambió. Mientras la abrazo, empiezo a sentirme cansado. Miro el reloj digital que está al lado de la lámpara, son las 03:00 a.m., y antes de quedarme completamente dormido, puedo notar que los latidos de mi corazón se entremezclan con los débiles sonidos de una máquina, una máquina delicada hecha de piezas pequeñas, como las de un reloj.

Hasta mañana, digo. Y los débiles sonidos de un complejo mecanismo interno responden: tic, tac, tic, tac...


Señorita Bomba Atómica



La triste historia de Mr Brightside y Miss Atomic Bomb...



Estabas con tus amigas en la calle,
retrocediendo siempre,
me pregunto qué ha sido de ti.
Yo era nuevo en la ciudad, el chico con la mirada ilusionada,
yo nunca fui un cobarde,
ajeno a las mentiras adolescentes.

Y cuando miro atrás en esas noches de neón,
el paisaje de cuero, el pasillo a la derecha,
siento el calor, veo la luz.
de la Srita. Bomba Atómica.

Allá afuera, teniendo la radio encendida,
me extrañarás cuando me haya ido,
me extrañarás cuando me haya ido.

Sombras corriendo a la luz de la luna,
a través del desierto en una noche caliente,
y por un segundo en el que ganamos,
fuimos jóvenes e inocentes.

Expulsado de la noche, bien, tienes un necio corazón,
te quedaste en tu lugar pero la caída fue la parte más dura.
Se siente como una daga enterrada muy profundo en tu espalda,
corres para cubrirte pero no puedes escapar del segundo ataque.
Inocente era tu alma, ella lo besó, y la pintó de negro,
deberías haber visto su carita, ardiendo de amor, aferrándose a tu vida.
Bueno, todo lo que quería era un pequeño toque,
un poco de cariño y verdad, no pido mucho, no.
Hablo de estar en el lugar incorrecto en el momento equivocado.

Srita. Bomba Atómica.

Allá afuera, teniendo la radio encendida,
me extrañarás cuando me haya ido,
me extrañarás cuando me haya ido.

Sombras corriendo a la luz de la luna,
corriendo riesgos en una noche caliente,
y por un segundo en el que ganamos,
fuimos jóvenes e inocentes.

La nube de polvo se ha asentado,
y mi mirada está limpia,
pero a veces en mis sueños aún la escucho...

Srita. Bomba Atómica.

Estoy aquí,
con el sudor en mi piel,
y este amor que he acunado, se está agotando.

Pero estoy aquí,
y llegas demasiado tarde,
tu susurro en ondas de choque, ha sellado tu destino.

(Se siente como una daga enterrada muy profundo en tu espalda,
corres para cubrirte pero no puedes escapar del segundo ataque.
Inocente era tu alma, ella lo besó, y la pintó de negro,
deberías haber visto su carita, ardiendo de amor, aferrándose a tu vida.)

Es un campo de pruebas,
y tuviste una oportunidad,
en un juego perdido.

Pero no puedes sobrevivir,
cuando lo quieres todo,
hay otro lado.


Cause I'm Mr Brghtside ♪

The End (Primera Parte)





Tomó una taza de café mientras observaba el ocaso por la ventana, el sol desaparecía en el horizonte y la oscuridad se hacía presente. Empezaba a anochecer y las luces de la ciudad empezaban a iluminar el cielo nocturno. Sus pensamientos giraron alrededor de todas esas teorías que había escuchado y sonrió al pensar en lo que las demás personas estarían haciendo, preocupados tal vez, celebrando que aun seguían vivos. Colocó la taza sobre la mesa y cerró los ojos por unos momentos, él no quería estar con nadie más, había aprendido a estar solo desde hace tiempo, y aunque la soledad a veces le provocaba algo parecido a la nostalgia, estaba tan acostumbrado a ella que prefería estar así. Encendió el reproductor de cd's, colocó un disco y presiono el botón de "Play".

This is the end, beautiful friend... this is the end, my only friend, the end... ♪ ♫

Mientras escuchaba la música pensó en que esa canción sería ideal para un disco que musicalizara el fin del mundo. Se recostó en el sofá que estaba a un lado y cerró los ojos por unos instantes. Se sumergió en sus propios pensamientos, pensó en su soledad, y por un momento quiso que realmente ese fuera el fin del mundo, que todo se acabara en ese mismo instante, pero no así; quería compartir sus últimos minutos de vida con alguien más, quería sentir la compañía agradable de alguien, al menos una vez en su vida, después de eso no le importaba que el mundo se desvaneciera.

Abrió los ojos e intentó no pensar en nada más. La música había cesado, las luces estaban apagadas, todo estaba en silencio... de hecho, era un silencio exagerado, algo no andaba bien, se levantó y se dirigió hacia la ventana, al mirar hacia la calle pudo notar que todo estaba igual. "Un apagón... debe haber personas realmente asustadas en este momento", murmuró para sí mismo. Miró al cielo y pensó en lo hermosa que se veía la luna sin tantas luces artificiales que la opacaran, las estrellas también se veían diferentes, parecían tener un brillo especial.

Cerró los ojos y guardó silencio. Por un instante, sintió que estaba dejando de existir. Y, de algún modo, él sentía que su inexistencia hacía que la luna resplandeciera un poco más, y pensó que si todo el mundo desapareciera en ese instante, el universo sería un mejor lugar. Tal vez.

Al abrir los ojos no pudo distinguir nada, dirigió su mirada hacia arriba pero la luna tampoco estaba ahí. Caminó despacio, extendiendo las manos, tanteando el espacio para evitar tropezar con algún mueble, pero no había nada. Era como si sus muebles hubieran desaparecido. Pero, al caminar un poco más y darse cuenta de que, en donde debía estar la pared no había nada, empezó a pensar que tal vez ya no estaba en su habitación. Caminó un poco más y logró sentir algo, era un muro de piedra, o algo parecido. Al posar sus manos sobre ese muro, notó que la textura de éste cambiaba, era cada vez menos áspera, y más blanda. Presionó un poco más y sintió que algo lo atraía a ese muro, intentó caminar hacia atrás pero era imposible, ese algo se había apoderado de su voluntad, y ahora estaba cruzando a través de él.



Continuará...

Sueño de una noche de invierno


Ya es medianoche. Ella despierta, tranquila, ya no siente el dolor que sentía hace algunas horas, se siente mejor, mucho mejor. Suspira, cierra los ojos, y se deja abrazar por su soledad. Sin embargo, su soledad ya no es solo suya, hay alguien más en la habitación compartiendo el silencio y la oscuridad de aquella noche. Es imposible, no hay nadie más en esta casa. Pero hay alguien ahí... sin poder ver de quién se trata, ella sabe que hay alguien más. Debería estar asustada, pero no lo está. Es extraño, es... como estar dentro de un sueño, tal vez por eso no ha notado o no le da mucha importancia a ese cambio que ha sufrido su cuerpo.

La luna se asoma por la ventana e ilumina su cuerpo desnudo, un cuerpo que irradia juventud, fragilidad, perfección... y deseo. Con el brillo de la luna dándole directamente en el rostro le cuesta aun más distinguir quién se oculta en las sombras. Ella está desnuda y alguien la observa. ¿Porqué no está asustada?. Tal vez sea porque... realmente no hay nadie ahí. Debe ser solo mi imaginación, piensa ella, mientras se vuelve a acostar en la cama.

—Te ves tan hermosa como siempre —dice una voz, desde las sombras.

Esa voz sonó tan familiar, piensa ella, pero no puede ser.

—Es imposible —dice ella en voz baja, y añade —Debo estar alucinando.
—¿Me esperaste tanto tiempo solo para decir que, ahora, soy solo una alucinación? —responde alguien desde las sombras

Un minuto de silencio, por todas las memorias olvidadas, por todos los sueños enterrados, por lo que ya no sería nunca más, y que, sin embargo, en este instante estaba sucediendo.


—¿Cómo puede ser cierto? ¿Qué fue lo que... —un dedo índice se posó sobre sus labios, interrumpiendo sus infinitas dudas, y tranquilizándola.
—Ya habrá tiempo para responder sus dudas, jovencita. Después... —susurró él
—¿Jovencita?... pero...
— Shhhhh...


Él retiró el dedo de los labios de ella, y en su lugar posó sus propios labios, cálidos, tan llenos de amor, como ella siempre lo había recordado. Ella cerró los ojos, se olvidó de todas sus preguntas, lo abrazó con todas sus fuerzas. Un beso francés. Él acariciaba su cuerpo, con la misma suavidad con la que siempre lo hacía, tal y como ella lo recordaba, haciendo que ella experimentara sensaciones que hace tiempo había olvidado, y que ahora, volvían a estar presentes, con mayor intensidad que antes. Sus manos descendían poco a poco, acariciando su cuerpo, su cuello, sus senos, su vientre, sus piernas.

Ella lo detuvo en ese momento, y comenzó a quitarle la ropa lentamente. En medio de la noche, ella disfrutaba despojarlo a él de sus vestiduras y palpar con sus propias manos el cuerpo desnudo que se ocultaba debajo de ellas. Por un momento pensó que eso que estaba pasando era solo parte de un sueño, pero inmediatamente hizo a un lado sus pensamientos y se dedicó simplemente a disfrutar del momento.

En cuanto ambos estuvieron desnudos, las caricias se volvieron más intensas, el calor de la habitación aumentó, y la luna se ocultó por un instante, detrás de algunas nubes oscuras que atravesaban el cielo en ese momento. En medio de la oscuridad sus cuerpos se buscaron entre si, encontrándose una y otra vez, jugando, amándose.

Siguieron el curso natural de su deseo, y en cuanto la pasión empezó a rozar los limites del placer sus cuerpos pasaron a ser solo uno, buscando aun más placer, lo que siguió después: el cielo en la tierra, para ser más específicos, el cielo, contenido en aquella habitación. Por un instante que pareció ser eterno, esos cuerpos jóvenes ascendieron al cielo, sintieron el éxtasis en carne propia, y entre suspiros, descendieron lentamente, abrazados.

—Gracias por regresar, la vida ha sido muy dura sin ti —susurro ella, entre sus brazos.
—Te prometí que regresaría por ti —respondió él, con una sonrisa.
—Ni siquiera la muerte te detuvo, ¿verdad?
—Ni siquiera la muerte me separaría de ti —respondió él, y le dio un beso en la frente.
—¿Volverás a irte?
—Esta misma noche... pero, tranquila, no me iré sin ti

Hacía frío, su cuerpo comenzaba a debilitarse nuevamente... envejecía, volviendo nuevamente a su estado natural. Él se levantó y le pidió que se abrigara bien. Después de vestirse, ambos se acostaron nuevamente, abrazados. Observando a la luna, que nuevamente se asomaba por la ventana.

—Esto debe ser un sueño —repitió ella —pero cuando el sueño termine, se que seguiré estando a tu lado.
—Así será —contestó él.

Al día siguiente alguien entró al cuarto durante las primeras horas de la mañana, y encontró a una anciana, recostada sobre su cama, sin vida, con una sonrisa en los labios. Ella ya no estaba ahí, estaba en un mejor lugar, se había ido con la persona que había esperado por tantos años.

Fin...


**Esta historia fue escrita originalmente con una extensión mucho mayor, así que decidí hacerla más breve. Para saber un poco más del cómo y porqué fue escrita, lean este post. casi al final**

**El nombre se lo puso una amiga, ya que, al terminar de escribir la historia, no sabía qué nombre ponerle (en serio, no pude pensar en un nombre). ¿Qué nombre le pondrían ustedes?**

While my guitar gently weeps...


Un momento a solas por la mañana. Por fin. Tomo la guitarra y rasgueo algunos acordes al azar, sacudo un poco las manos y pienso durante un rato...

— Últimamente ya no he disfrutado de esto tanto como antes, ¿qué ha pasado con los solos de guitarra?... ahora todo se trata solo de acordes distorsionados... si, hay un par de solos entre tantas canciones, pero solo vienen y se van. ¿Qué pasó?

Toco una cuerda y dejo sonar un poco esa nota, deslizo el dedo un poco, después hago lo mismo con otra nota ubicada en la cuerda de abajo...

— Si, eso pasó... toco mecánicamente, porque hay que ver que el otro también esté tocando las notas correctas; ayudarlo, si es posible, con un par de señas, para decirle que esa nota no es la correcta, que es un poco más arriba, que ese dedo no va ahí... evitar tocar acordes modificados, usar las notas normales para que los demás no se pierdan. Debería volver a jugar con las notas y los sonidos, como siempre hacía. Ir de arriba a abajo, buscando un sonido que encaje. Nunca me consideré un buen guitarrista, de teoría sé muy poco, sólo lo básico, y en ocasiones, ni siquiera eso... pero me gustaba jugar, toda esa infinita combinación de sonidos, al alcance de mi mano (con los efectos añadidos a la guitarra eléctrica, la emoción era mayor). Pero últimamente, ni siquiera eso... Es momento de volver a hacerlo.

Tercera cuerda, segunda...

— ¡Hey, ese sonido me suena familiar!, creo que era así...

Toco una melodía que me relaja un poco... A Day In The Life... recuerdo aquella escena de la película Across de Universe en donde suena esa melodía. Sonrío y sigo tocando. La toco una, dos, tres veces... si, sigo estando ahí.

Pensaba grabar Blackbird, pero por el momento eso es todo. Hay veces en las que es aceptable olvidarse de lo planeado para ocuparse de cosas más importantes... volver a encontrarse, por ejemplo.




Que alguien le diga a la tristeza que hoy no estoy triste...


1, 2, 3...

Que alguien le diga a la tristeza que hoy no estoy triste. La cara seria es para asustar a los sonrientes falsos, solamente eso. La mirada al suelo es solo para esquivar posibles miradas peligrosas... es solo precaución, nada más. ¿El aura oscura? son solo mis pensamientos nublando mi mente una y otra vez, ya me voy acostumbrando. Nada hay de oscuro en eso, supongo.

Hoy sentí escaparse una pequeña lágrima que humedeció mi mirada un rato, desde mi ojo derecho. Cosa rara. Uno derrama lágrimas cuando se está muy triste, o cuando se está muy feliz, entonces... ¿qué hacía una lágrima, al mediodía, apareciendo de la nada? Al mediodía, cuando lo único en lo que pensaba era en lo bien que sonaba la voz de aquella chica y su guitarra distorsionada en aquella canción grunge agresiva.

Por eso... que alguien le diga a la tristeza que hoy no estoy triste. Ni feliz. Ni nada. Hoy solo soy yo, y eso está bien, porque al menos sigo siendo yo.


Y nada más.


Selah


Peace&Love

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